60 años de Más Europa

Ayer se cumplió el 60 Aniversario de la firma del Tratado de Roma, la firma que consiguió convencernos de que con “más Europa” (con permiso de Encarna Hernández) salvaríamos siempre nuestras estúpidas diferencias territoriales y culturales.

Juntos, sumamos al proceso civilizatorio de la Humanidad; pero dispersos hacemos más fuertes a los enemigos de lo que representa el ideal europeo. Por ello, es tan importante para que con personajes tan nefastos como Farage, Trump, Wilders o Le Pen, quieran vernos derrotados. Su fuerza es el odio, la división, señalar al “otro” como causante de todos los males de la sociedad, hacer del estereotipo excluyente y de sus atávicos miedos la base de sus ¿políticas?

Estamos al borde de un necesario cambio de paradigma político en la Historia de Europa. Está el abismo de la incomprensión y el cierre de fronteras y culturas o finiquitar el decimonónico sistema de una Europa de los Estados para que emerja una Europa de la Ciudadanía. De un sistema de gobernanza economista a un sistema de gobernabilidad cívico.

Europa es un contenedor heterodoxo con un amplio significado polisémico, cuya interpretación depende de las perspectivas de los actores que intervienen en ella; y por desgracia, en estos momentos, hay muy pocos “intérpretes” que transcriban bien sus notas principales.

Debemos salvar nuestro pasado común, para salvar nuestro futuro y, especialmente, el de las generaciones que vendrán. Los enemigos del futuro acechan por doquier y hemos de aprender de la Historia y sus errores, y en Europa, éstos fueron especialmente graves en el siglo XX. Somos navegantes errantes en un futuro incierto, donde hemos de lidiar con una incertidumbre que se nos hace difícil de encajar, y que cada vez es más entrópica.

Europa es la solución y necesita (re)inventarse, el diálogo que comienza con el debate del Libro Blanco sobre el Futuro de la Unión, debe ser la oportunidad para avanzar en un futuro conjunto, pero bajo otras políticas e incorporando a la ciudadanía en la ecuación.

El futuro de Europa se hará sobre el empoderamiento del papel activo de la ciudadanía y darle menos pesos a agentes institucionales del pasado, como son los estados. El “ente” estado ha sido el que ha restado importancia al concepto Europa, ante la supremacía del intergubernamentalismo por encima de las necesidades de las personas. Las democracias europeas no saben hacer frente a la ausencia de una gobernanza mundial, que no ha sabido responder a las amenazas que suponen entes financieros y especulativos que escapan del control democrático y que ha visto en las instituciones europeas, el “ente” al que achacar sus males. Ahora no saben como responder, tras haber culpabilizado sistemáticamente a Europa, de las malas decisiones tomadas en el Consejo. Ha llegado el momento del cambio.

¿Te animas a que construyamos esa nueva Europa juntos?

Porque, Europa, merece la pena…

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