Europeísmo versus desafección ciudadana

La Unión Monetaria llegó, nos trajo el Euro, el pegamento europeo que ayudaría a garantizar el proceso de construcción europea, pero una década después todo lo andado se ha perdido, por la incoherencia política de merkel go homequienes nos hicieron fracasar en el proceso de ratificación de una constitución para Europa y de no haber desarrollado en paralelo una unión fiscal y una armonización de los sistemas tributarios de la UE.

Por lo tanto, en la actual coyuntura de la crisis mundial, que afecta con más dureza al viejo continente, las malas decisiones tomadas en una década inicial de crecimiento, la inicial del siglo XXI, han llevado a la actual situación.

La no existencia de unas reglas iguales para todos, la Unión Económica, que nos llevó al sistema actual de una moneda común y 17 democracias (las del Euro, con sus respectivos sistemas impositivos), ha originado una serie de perjuicios que nos llevan este momento.

Situación agravada por el sistemático desdén para crear una ciudadanía europea activa que derivara en una opinión pública europea formada e informada, que habría impedido que el actual directorio alemán que ocupa el espacio político de la UE llegara a ser. La imposición germana de cercenar el Tratado de Lisboa para volver a un sistema intergubernamentalista de gestión, obviando a la Comisión y al Parlamento Europeo, dejando toda la acción política en manos de un Consejo inane, sin debate en el que se impone la visión germana de la política y de la economía, sin discrepancias, dada la debilidad de países como Italia, España y en la actualidad la propia Francia, hacen muy difícil que hayan los necesarios equilibrios y visiones diferentes que han construido el consenso europeo para el avance de la institución.

De hecho como Habermas ha explicitado, la visión germana de la actual Europa está imponiendo un modelo que podríamos definir como burocrático postdemocrático, con lo que ello implica. La enajenación de la soberanía de la ciudadanía europea en la conformación del espacio político de la UE y la esclerotización de los estados, que se defienden ante sus electorados echando las culpas sobre la vieja CEE como si de la madrastra mala de un mal cuento se tratara.

Pero lo peor no es esto, lo peor es lo que esta pacata visión de la política origina, con unas medidas de ajustes del déficit y de recortes que lo único que han demostrado es que no sirven para nada, solo para generar miedo, pobreza y desafección ciudadana, los peores ingredientes que se pueden mezclar en el seno de sociedades convulsas como la actual. Lo peor, retomo, es la visión estridente y llena de tópicos que se está creando entre sectores enteros de población, ya sea por filiación demográfica, cultural o de procedencia. Así el norte rico, ve al sur pobre como una carga, una lacra que hay que soltar. El principio de solidaridad europeo se está rompiendo, debido a esa manipulación de la opinión pública. No es solo que en Chipre o Grecia se compare a Merkel con Hitler, es que Merkel ha convencido a los alemanes de que lo que ocurre en el Sur de Europa es algo totalmente merecido y necesario. De hecho el discurso norte-sur está tan implícito en la política alemana que hasta dentro de su país está originando problemas, con una batalla fiscal en ciernes. Es la deriva hostil de la población, hacia las erráticas medidas de nuestros dirigentes, es la hostilidad hacia el propio sistema, que nos trae a Beppe Grillo en Italia o a la ultraderecha en Grecia.

¿Son los movimientos antisistema la solución? La respuesta es clara: NO. No, porque no aceptan el sistema y la construcción de un espacio común ciudadano con visión integral del territorio que gobiernan. Esa no es la esencia de su propia existencia, más bien al contrario.

Por lo tanto, ¿vamos a dejar que los tópicos y las reactancias entre los pueblos europeos suplan todo lo que hemos construido en los últimos 50 años?, ¿vamos a dejar escapar la oportunidad de construir una identidad europea plural y global, que se alimente de lo mejor de cada una de las culturas de cada pueblo europeo, como ejemplo de un nuevo sistema de gobernanza (o mejor; gubernamentalidad) que sea un faro mundial?

La respuesta es clara, ¿verdad?

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