El Brexit-ilio

O el día que el “trumpismo” se apoderó del Reino Unido. Difícil escribir un post sobre lo que siento y pienso. Es como cuando un familiar díscolo al que quieres y te fastidia mucho, deIMG-20160624-WA0004 repente te dice que se va y no lo volverás a ver, torna en algo desgarrador. Han sido tantos los años del cuento de que viene el lobo, que al final se ha producido.

Siempre me ha costado, como europeísta, entender la postura británica sobre su encaje en la Unión Europea. Es más, creo que este referéndum inicialmente lo que pretendía era reforzar la “excepcionalidad británica” en los Tratados, sobre todo desde la más que ventajosa condición que adquirieron para encajar “su” permanencia. Todo hecho a la medida del, hasta ahora ocupante del sillón del 10 de Downing Street, pero ni así.

Vivimos en una época de incertidumbres varias, que genera miedos y divisiones, y estos bien dosificados sirven para buscar culpables y enemigos de tus males de la forma más abyecta posible. Que le pregunten a los Trump, Putin y Le Pen de este mundo. Es “su” momento. Para desgracia nuestra.

No entiendo una Europa sin el Reino Unido, a pesar de sus disidencias y disonancias con respecto a la construcción europea. Si bien está suspendida en el tiempo, gracias a tres grandes males que le acechan:

  1. Un mal andamiaje institucional desde la ampliación de 15 a 25. Se hizo mal y por la vía de urgencia, no estábamos preparados para ello.
  2. Una fracasada UEM. Tenemos una unión monetaria, hecha con urgencia, sin haber hecho una unión económica y fiscal que armonizara las políticas de los estados miembro, y
  3. Vivimos en una Europa a la alemana, desarrollada al diktat de Berlín, de Frau Merkel, con unas políticas que lejos de crear riqueza colectiva, gestionan unos niveles de descohesión como jamás hemos visto en Europa desde la crisis del petróleo de los 70′ del siglo pasado.

Con estas mimbres, el descarrilamiento del Reino Unido es uno de los muchos factores que brexit-illustrationse podrían desencadenar. Esto es solo el comienzo. El Brexit es un síntoma de una enfermedad que se extenderá por todo la Unión. Le Pen en Francia, exigirá un referéndum. Geert Wilders pedirá lo mismo en Holanda. El Vaams Block en Bélgica. El autoritario Orban en Hungría forzará al Consejo a tomar medidas que aprovechará en su propio favor. En Polonia los ultranacionalistas del actual gobierno se fijarán en lo acontecido, y comenzarán a invocar una más estrecha alianza con los EEUU antes que con Europa, ya que sin GB deducirán que Europa es mucho más débil militarmente frente a la amenaza rusa. Podría seguir, pero aquí va a haber varias primeras portadas de la prensa europea de las próximas semanas. Espero equivocarme.

En cuanto al Reino Unido, se les abre el apocalipsis. Con la salida de Cameron en octubre; es el momento del alumno aventajado de Donald Trump, el acomplejado y xenófobo payaso de Boris Johnson. Mientras saborea esta exigua victoria con el fascista Farage de la ultraderechista UKIP, la libra esterlina se hundirá frente al euro, pero especialmente frente al dólar.

Muchas empresas se mudarán a la vecina Irlanda. Ya no están en territorio UE.

Escocia pedirá acabar con su pertenencia al RU, dado que quieren seguir siendo europeos. Harán un segundo referéndum, lo ganarán y pedirán la incorporación a la Unión Europea. Irlanda del Norte aprovechará la debilidad institucional de Westminster para buscar laSchwarz2-color-for-web-cropped-554x414 reunificación de la isla, mientras las zonas urbanas e industrializadas de Gran Bretaña, con Londres a la cabeza y partidarias del “remain” tardarán en reaccionar ante lo que es un gran problema económico y financiero.

Y todo por un órdago de un trilero político como David Cameron, incapaz de contener a sus huestes antieuropeas dentro de su partido. La primera víctima es él; la segunda, Gran Bretaña y; la tercera, los familiares que deja en el camino, los europeos de la UE.

Porque esto debemos entenderlo de una forma definitiva. Vale, la actual UE no es la Europa soñada por ningún europeista (yo mismo), pero no entiendo Europa sin el Reino Unido, como no entiendo el Reino Unido sin estar en el Consejo ni en el Europarlamento. En Europa, debemos entender que no hay “socios”, somos una compleja familia que debe remar junta ante un futuro incierto donde juntos sumamos y tenemos alguna oportunidad ante ese incierto devenir. Pero separados, no tenemos ninguna oportunidad. Que haya ingleses, franceses o polacos que creen que solos les va a ir mejor, es un claro ejemplo de enfermedad mental o incompetencia social severa.

La desconexión, va a ser rápida por la vía del artículo 50 del Tratado, tal como anuncia hoy la Comisión. Sin posibilidad de “renegociación”, y asumiendo todos los inconvenientes que ello conlleva. Si para las personas va a ser traumático, para las mercancías va a ser trágico. Lo iremos viendo y analizando en los próximos meses.

Pero eso sí, estoy convencido que en los próximos años el Reino Unido volverá a llamar a la puerta de la UE. Pero claro, será en condiciones de igualdad, sin “excepcionalidades” como uno más de la familia, más debilitado, posiblemente con una Escocia independizada que le recordará cuitas pendientes del pasado y una Irlanda reunificada, lo cual implicará un nuevo escenario político.

Pero a día de hoy, el marco político que se crea es el del nacionalismo rancio, la petición de referéndums en varios países de la Unión, conmoción política y miedo al futuro.

Urge cambiar las políticas de la UE, comenzar un plan de relanzamiento económico, un Plan Marshall a la europea para ser la vanguardia del conocimiento y de los territorios inteligentes en el planeta; revitalizar las instituciones europeas trasladando mayor poder a la ciudadanía; afianzar la unidad económica mediante una unión política; pero sobre todo, convencer a Berlín que para tener una oportunidad en la Historia, Alemania debe funcionar a la europea, y no Europa a la alemana, como tan acertadamente Ulrich Beck lo describió en su libro.

Quiero ser optimista, pero de momento, estamos al borde de un precipicio sin ningún liderazgo moral y político que nos saque de esta pesadilla histórica que comenzamos a escribir.

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