Hibridación democrática: De la Gobernanza a la Gubernamentalidad

Mucho ruido mediático, mucho ruido ciudadano, mala praxis política, mala gestión, nula gobernanza mundial (y si me apuran europea), tal como vamos, las esperanzas flaquean en la necesidad de un cambio necesario…politica participacion

Son demasiados deflactores de nuestras democracias de consumidores, porque es en lo que nos hemos convertido. Somos incapaces de ver la necesidad del largo plazo, para hacer de nuestros territorios espacios socialmente sostenibles. Nos comportamos como homo sacers, anteponiendo nuestra existencia al servicio de la ética cultural imperante: el de la satisfacción inmediata. La política se ha convertido en un espectáculo que gira en torno a las próximas elecciones en lugar de a la próxima generación, y por supuesto en aras a la descalificación del contrario.

¿Es eso lo que nos espera?, ¿comportarnos como una manada desorientada y en permanente búsqueda de un macho (o hembra) alfa que nos muestre el camino a través de la fuerza y no de la razón? Deshaciéndonos en entornos de acritud partidista, basada en una rigidez revestida de ideología, cuando no de imposibilidad de encontrar nuevas respuestas a nuevos problemas.

Me niego a aceptarlo. Hemos de recuperar la Democracia, desde la democracia. El sistema no es malo en sí, lo que es malo es la praxis derivada del mismo y los abusos soportados. Eso es lo que tiene que acabar, y los primeros que han de verlo son nuestros representantes, asumirlo, pedir perdón y cambiar todo lo que haya que cambiar (sobre esto ya he escrito en otro post). Pero con la ciudadanía y sobre todo para la ciudadanía. La Política es la extensión ciudadana de la gestión de nuestras sociedades, y nuestros representantes son eso, quienes representan el interés P-Ú-B-L-I-C-O. Tan sencillo y tan complicado.

Para nuestra cosmovisión occidental, la gobernanza (el arte de gobernar, si me permiten) se remonta a una visión platónica, definida como el gobierno de unos pocos guiado por la razón en pos del ideal público y social. John Rawls es el último que detenta este principio desde un marco teórico. Pero aquí he de hacer una salvaguarda: el gobierno democrático sostenido bajo el mantra de “una persona un voto” (Se que es un hombre un voto, pero debemos avanzar y hacer el lema igualitario, sobre todo en memoria de las primeras sufragistas y de mujeres que se dejaron la vida por la igualdad, desde tiempos de Hypatia de Alejandría). No es el fin en sí mismo de la democracia. Estamos en otro momento, con nuevas incógnitas en la ecuación democrática.

Dicho esto, observamos en nuestras sociedades europeas y occidentales que la ecuación ya no es tan sencilla. En este mundo hiperconectado e infoxicado, se da la circunstancia de que tanto votantes no informados (lo que siempre ha sido un problema) como los informados (lo que está comenzando a ser un problema), están actuando cada vez más motivados por el interés personal o de unos pocos, que el del bien común.

El problema se ha hecho carne en Italia, tras las últimas elecciones el Movimiento 5 Estrellas está a punto de colapsar el de por si colapsado sistema político italiano. Lo que ha sido un faro para muchos movimientos sociales o extraparlamentarios, que justamente reivindican derechos sociales que no han de ser laminados; se está tornando una pesadilla mesiánica de su líder Beppe Grillo. No hay grupo, no hay proyecto de estado, todos los que ganaron su escaño lo hicieron defendiendo alguna cuestión local, sin tener en cuenta lo que significa administrar un país. No tienen estructura, ni Grillo la quiere, es más fácil “mandar” dividiendo que sumando apoyos. Fue un esperpento la primera aparición de 5 Estrellas, por no hablar de un líder que no puede ser diputado porque está inhabilitado por homicidio involuntario culposo en el que murieron tres personas. Por no hablar del esperpento de lo que pretendía en la elección del Presidente del Senado Italiano, que se debatía entre un siciliano con conexiones con la mafia del partido de Berlusconi, o de un siciliano que lucha contra ella desde la judicatura. Pues bien, para Grillo la opción era clara: dejar que el corrupto ganase. Y es que para Grillo, esto se ha convertido en “su” juego.

¿Esto es lo que nos espera en el resto de Europa? No pongo en duda que la inmensa mayoría de candidatos/as de 5 Estrellas creen en el cambio necesario en el juego de la política representativa, para hacerla más ciudadana, pero dudo que con su “líder”, autoimpuesto, sin votaciones, sin sistemas de control interno, vayan los derroteros por ahí. Él no quiere cambiar lo existente, quiere que el sistema se colapse y provocar un efecto dominó de resultados insospechados. Me suena a otros tiempos de Italia.

La cuestión es que debemos encontrar equilibrios nuevos, permear la política a nuevos liderazgos, nuevos relatos, tomar de oriente el sentido de la meritocracia, de buscar la eficacia social y no la eficiencia económica de nuestras sociedades. En definitiva de establecer un nuevo modelo de Gobernanza, o mejor, reinventemos el término (tan neoliberal, y lastrado por su ineficacia a nivel mundial) y retomemos el de Gubernamentalidad, desarrollado por Michael Foucault en 1978, que dadas las circunstancias es el que mejor define la necesidad de adaptar el arte de gobernar a las percepciones ciudadanas colectivas.

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