La rebelión de las masas (americanas)

Hacer un análisis en caliente de lo acontecido en las elecciones norteamericanas de 2016, es un ejercicio de predistigitación política, teniendo en cuenta el perfil del proclamado Presidente de los EEUU: Donald Trump.

Es un ejercicio arriesgado, porque hasta ahora solo conocemos los datos que han houseofhorrorcontribuido a acrecentar su caricatura, debido al personaje ¿? que ha construido entorno a su figura, exacerbada por la visión eurocéntrica que tenemos de la imagen que proyecta.

Pero primero, los datos conocidos. En la actualidad, podemos afirmar que se trata de un misógino, xenófobo, intolerante y cowboy de ciudad; que además se jacta de haber utilizado el sistema, para escamotearse durante 18 años de sus obligaciones tributarias, y ahora le toca pedir a los americanos que cumplan. La pregunta es: ¿bajo que ética puede exigir a los demás lo que el no hace? Por no hablar de su cuestionable profesionalidad como gestor de su fortuna personal (heredada) y lo más inquietante: en los últimos días de campaña su equipo le vetó su Twitter para que no cometiera deslices; pero quienes le han votado no tienen ningún reparo en entregarle la posibilidad de que active los códigos nucleares de su arsenal. Paradojas de la exigibilidad ética a sus candidatos.

Con este background, cuanto menos desconcertante, quienes le apoyan, ven a Hillary Clinton como una criminal (sic) que merece ser encarcelada, por no hablar de las antipatías que también despierta entre su “parroquia”. Mientras que la personalidad de Trump refleja una visión maniquea: o lo amas o lo odias, la personalidad de Rondham Clinton proyecta una gama de grises, muy oscuros, que no entusiasma a sus seguidores. Y eso que estamos hablando de una persona perfectamente capacitada para la misión que tiene que desempeñar el responsable del Despacho Oval: una profesional de la política, con 30 años de servicio público a sus espaldas. Y ese, es el problema, es miembro del stablishment. Vivimos en una época en la que impera el “antitodo” o como mínimo, estar contra lo que dice el poder oficial. El Brexit y el No al proceso de Paz en Colombia son claros ejemplos de esta ubicuidad líquida que producen estos tiempos y que son un síntoma del hartazgo social generalizado entre los habitantes de las democracias consolidadas.

Porque ese es el mensaje, un outsider del sistema se ha hecho con un discurso, que muchos piensan, pero pocos se atreven a verbalizar. Por no hablar de las diferencias que un país-continente como EEUU tiene en su población, muy hegemónicas en las últimas décadas, y que en esta ocasión se han roto. Mientras que la costa pacífica sigue tiñéndose de azul, el cinturón industrial del norte atlántico alrededor de los Grandes Lagos, ha sucumbido a los cantos del candidato del GOP. Donde se concentra una población urbana y contrita por la pérdida de su poder adquisitivo y de empleo, que se ha cebado en sectores productivos enteros. Wisconsin, Pensylvania o Michigan son claros ejemplos de ello.

Pero mientras en Europa nos fijábamos en sus propuestas sobre temas exteriores, su conflicto con México, sus ideas sobre los musulmanes o sus tremendas opiniones sobre las mujeres; los desheredados del sistema (blancos con baja cualificación educativa) que suspiran por su pasado laboral, escuchaban lo que ha repetido en cada mitin hasta la saciedad: que va a obligar a las empresas americanas a relocalizarse en EEUU o las freirá a impuestos y aranceles, que va a crear 25 millones de puestos de trabajo en sectores industriales, que va a invertir un billón de dólares en infraestructuras públicas, que va a rechazar todos los acuerdos comerciales multinacionales con medidas proteccionistas (incluyendo el TTIP) y especialmente en el seno de la OMC y que además va a poner a China contra las cuerdas por el tema de su divisa. Nada de esto es defendido por Clinton. Es obvio que esto pesa por encima de cualquier otra cuestión, y eso los estrategas del partido republicano lo sabían. Ninguna de estas cuestiones eran introducidas en los debates televisivos con Clinton, porque son sabedores que esa audiencia está compuesta mayoritariamente por demócratas e indecisos que son más críticos con sus candidatos que lo que son los seguidores republicanos. De hecho las primeras previsiones apuntan a que ha habido trasvase de votos de seguidores de Obama a Trump, debido a la cuestión anteriormente planteada.

Así que podríamos establecer que la estrategia republicana podría haber estado milimétricamente diseñada, sabiendo sus responsables, que su candidato dado su carácter y verborrea es incontrolable, y por lo tanto utilizar esa debilidad como un arma táctica contra la campaña de Clinton (como así ha sido), basta ver los tres debates televisados, donde él tiene toda la iniciativa y Clinton muy moderada y contenida va tras los pasos de Trump, cuestión que se ha visto como errónea tácticamente, vistos los resultados.

Para finalizar, queda la esperanza de ese giro en su discurso de aceptación, alejado del rencor y su guión como candidato, para tomar un tono más presidencial. La cuestión es si es un espejismo o un oportunismo táctico. Habrá que esperar. Para empezar hay que ver cómo monta el equipo de transición hacia la Casa Blanca. Habrá que ver qué relación va a tener con el partido, y especialmente con Paul Ryan, el líder de la mayoría republicana en el Congreso, y quien más ansiaba su derrota, porque despejaba su candidatura para 2020. Especialmente hipócrita ha sido el discurso de este tras la victoria. Dudo que Trump se apoye en la estructura del GOP, es más, lo veo muy francotirador en este sentido, no es un miembro del mismo y además no le debe nada a nadie, dado que todos los pesos pesados del partido le han negado su apoyo. Está por ver el papel que tendrán Rudy Giulani, o su propio Vicepresidente el creacionista, Mike Pence. Sí veo una mala época para la ciencia pública en USA. En la NASA y los centros de investigación biomédica deben estar temblando.

La página sobre la geopolítica y los cambios en política exterior los dejo para una entrada posterior. Pero si el GOP tiene problemas a pesar de la victoria, el Partido Demócrata está abocado a una redefinición de sus liderazgos, con una generación que debe jubilarse para dejar paso a una nueva. Es hora de despedir a Clinton, Sanders o Pelosi, y comenzar a trabajar para el 2020. ¿Podría ser el momento de una candidatura de Michelle Obama?, podría ser. Pero ahora toca estar expectante ante lo que puede ocurrir en EEUU y especialmente como afectará a las políticas europeas y en especial a las futuras citas electorales.

Se abre un período diferente, espero que solo sea eso. Pero diferente, seguro.

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