Lecciones del pasado, ¿seguro?

Dos cuestiones en apariencia distintas, me han hecho replantearme la consabida consideración de que la raza humana está predispuesta sempiternamente a repetir la Historia en algún momento de su devenir.

Esta semana, veíamos cómo la administración Obama recibía en la Casa Blanca a un Dalai Lama, reencarnado chaplinen figura de la resistencia tibetana contra la represión del régimen chino. Por cierto, tal reunión tuvo lugar en la Sala de Mapas y no en el Despacho Oval, y tanto la recepción al Lama, como su despedida, fue realizada por la “puerta trasera” del edificio presidencial. Y es que los tiempos escogidos no están precisamente coordinados con las necesidades de la agenda internacional que EE.UU. se está fijando.

Tiempos, que pasan por la necesidad de contar con el voto chino en el Consejo de Seguridad de la ONU, para imponer las sanciones que la comunidad internacional quiere exigir al régimen de los “ayatolahs atómicos” de Irán. Recordemos que el régimen tiránico iraní puede ser un gran desestabilizador de su zona de influencia geoestratégica, toda vez que su otrora poderoso enemigo, Irak, está plenamente desintegrado y ya  puede dedicarse con todas sus fuerzas a intimidar a Israel.

En este momento, es cuando el papel de China, va a jugar trascendencia en el futuro. Si quieren ser una gran potencia,o mejor dicho, la gran potencia del siglo XXI, no pueden limitar su juego a ser el contrapoder de EE.UU., máxime cuando existen potencias regionales y comerciales que tienen otros tipos de influencia en el escenario multipolar en el que se desarrollan las acciones internacionales. Esto pasa por una comprensión extensa de lo que ocurrió en el siglo pasado, y especialmente en las dos últimas décadas de la Guerra Fría. La URSS como contrapoder tomó acciones y direcciones que se tornaron contraproducentes, teniendo su punto álgido en lo que hoy podemos denominar la Lección Afgana (la misma en la que los EE.UU. y Europa estamos reincidiendo y que me temo estamos condenados a repetir).

China, ha de encajar su estrategia internacional, no en sus desavenencias con occidente, sino a alinearse con el resto de países de la OCDE, su mercado natural. Entiendo que jueguen a la estrategia de dominación mundial, pero esa dominación la ejercen hoy los mercados financieros, y no los gobiernos. Y China ha de entender que Al Qaeda S.A. y otros extremismos son tan enemigos naturales suyos, como para el resto de occidente. A pesar de su interés por instalarse en lugares donde occidente lo intenta (o lo hace mediante terceros), son precisamente esos lugares donde hay que tener más presente las lecciones afganas, especialmente en algunos países africanos, donde China ha realizado un gran desembarco.

Mientras que China y EE.UU., juegan sus roles geoestratégicos en el ya, decimonónico, y desfasado tablero del Consejo de Seguridad de la ONU; aunque en realidad sus economías están demasiado entrelazadas como asegura F.G. Basterra como para romper las relaciones bilaterales; otra lección del pasado va cobrando fuerza y me preocupa en exceso.

Este fin de semana, en Washington D.C., se celebra la reunión anual de la CPAC (Conferencia de Acción Política Conservadora), o lo que es lo mismo la mayor reunión de la ultraderecha que en las democracias occidentales se tolera, algo impensable en Europa,  no sólo tiene carta de naturaleza en EE.UU.,;se trata de una reunión estratégica en la que se están definiendo las estrategias para tomar el control del GOP (Partido Republicano) para alcanzar el poder en EE.UU. Y  no se trata de una simple reunión de admiradores de Reagan o Bush Jr. Estamos hablando de una reunión que a partir de las reuniones de los Tea Party, está definiendo unas bases políticas sencillas y excluyentes: Se conjunta un odio al “aparato” del Estado y a la Presidencia de Obama.

Para ello basan toda su ideología en un principio básico: “Nuestros derechos no emanan del Estado, emanan de Dios”, vamos, lo mismo que Ahmadineyad reclama en Irán, cuando convoca a la Yihad. Acusan al gobierno de Obama de “ocultar archivos a la población”, precisamente en el foro donde está Dick Cheney, un personaje que ha hecho del secretismo, la mentira y la ocultación su seña de identidad. Pero además afirman que lucharán contra la “tiranía” de Washington, o lo que es lo mismo contra el Gobierno Federal (y por lo tanto contra la acción recaudatoria del gobierno) y la “guerra contra la inmigración ilegal” (o lo que es lo mismo: la guerra contra el “desconocido”, a alguien hay que echarle la culpa tangible de la crisis que sufrimos). Nada dicen contra los grandes oligopolios, las grandes compañías o el sistema financiero que les ha hecho perder sus ahorros o sus casas. Cómo van a rebelarse contra su “Dios”: el capitalismo.

Pero mi miedo, y aún sabiendo que en las actuales circunstancias no deja de ser una clara exageración, viene de las lecciones del pasado. Fue el miedo, la recesión económica y la sensación de perdedor (en EE.UU. existe tras el 11-S, no han encontrado al enemigo, ni lo han vencido y el miedo aumenta día a día), lo que en los años 30  del pasado siglo, llevó a un populista de ultraderecha al poder mediante las urnas y el apoyo de los oligopolios y determinados medios de comunicación; después llegó el golpe de estado y la peor guerra que ha vivido la humanidad.

Por supuesto lo que digo es una exageración, pero en esta época de corrección política, las democracias no tienen estructurados sistemas que purguen a los extremistas fuera de ellos, y me preocupa en exceso la posibilidad de una Casa Blanca en manos de un Partido Republicano tomado por la ultraderecha, con una China no democrática y errática en sus compromisos internacionales; una Rusia que ve a la OTAN como su principal enemigo, con una democracia sólo formal; un Irán nuclear y algunas potencias regionales con tendencias autoritarias.

Al final vamos a echar de menos la Guerra Fría o, espero,  encontraremos un punto de equilibrio en el que se puedan corregir estos desequilibrios políticos y regionales.

Si aún no tienes claro el papel que la Unión Europea ha de jugar en la próxima década, pues espero haber despejado alguna duda con esta reflexión, que espero que esté muy equivocada, sobre las posibilidades que nos depara.

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