Pandemias digitales

pandemias digitales

Estamos inmersos en una crisis sin precedentes. Una crisis que es la antesala de las pandemias digitales que nos quedan por sufrir. En plena vorágine por la lucha planetaria para contener la pandemia del Covid-19, otras se sitúan frente a nosotros dibujando escenarios que apenas discernimos y que configuran posibles escenarios distópicos.

En esta sociedad global, hija de la hiperincertidumbre, el virus ha acelerado procesos y ha puesto al descubierto nuestros riesgos como humanidad. Ha desnudado nuestra capa tecnológica, para demostrarnos cuan frágiles somos como estructuras biológicas ante nuestro propio ecosistema. Nos hemos crecido domeñando el átomo, dibujando genomas, prefigurando la neoconstrucción de una nueva naturaleza. Mientras, nos olvidábamos de cuidar EL ecosistema: nuestro planeta. El único que tenemos y el único que podemos habitar.

El coronavirus en un auténtico bofetón a nuestra arrogancia. A nuestro descuidado devenir que le está mostrando al ecosistema terráqueo cómo paralizarnos. Ninguna distopía literaria ha ido más lejos que la propia Madre Tierra. Hoy, precisamente se cumple medio siglo desde que celebramos su día. Apenas un segundo de su vida en un calendario que ella cuenta por eones.

Pero más allá de eso, si no aprendemos colectivamente la lección de cómo superar colectivamente este trance, pocas lecciones aprenderemos de ello. Y lo peor, sin una nueva gobernanza de los riesgos globales, como nos venía avisando Ulrich Beck, nuestro proceso civilizatorio.

Preparando los “espacios colaborativos”

Pero además, y tal como ya he expuesto en un post anterior, el mundo Postcovid será totalmente diferente e implicará nuevos modelos sociales, laborales y económicos. Me voy a centrar en el segundo. En el contexto de tsunami digital y virtual que estamos experimentando. Se está produciendo un aprendizaje abrupto en general que dejará consecuencias. En el interim, se están produciendo desajustes que están colapsando redes, instituciones y empresas. A pesar de haber estando una década hablando de migraciones hacia nuevos modelos como el gobierno abierto y la administración electrónica. O nuevos modelos de aprendizaje digital (en todos los niveles educativos). O la posibilidad de conformar nuevos escenarios de gestión de gestión digital.

El resultado es que “lo digital” nos ha atropellado. A pesar de la capacidad tecnológica, los sistemas educativos, sanitarios e institucionales, no estaban preparados (ni diseñados) para estos nuevos formatos de trabajo en tan corto espacio de tiempo. Ni tampoco las organizaciones estaban preparadas para el cambio cultural que ello supone.

La “uberización” de los espacios laborales

Y hablando de trabajo, quiero pararme en el teletrabajo y sus consecuencias sociolaborales. En primer lugar, el confinamiento ha exacerbado las prácticas digitales y su disrupción social y laboral, por no hablar del aspecto mercantil. En segundo lugar, lo digital va camino de saturar nuestro marco experiencial y social. La combinación de ambas, junto a las medidas de distanciamiento social y los repuntes de la pandemia, serán determinantes en la configuración de los nuevos espacios socioeconómicos.

Pero me centro en lo que más me preocupa, y ante lo que habrá que dar una respuesta política y social contundente. Se trata de la uberización de los espacios profesionales y por ende de los personales. El hecho de que haya habido la posibilidad de que millones de empleos y empresas se hayan salvado en todo el mundo, gracias a la digitalización, dejará un precio muy alto en el camino, me temo.

El aprendizaje de las grandes empresas y las multinacionales está siendo claro: un considerable ahorro de costes fijos. El hecho de que alguien trabaje desde casa, implica que (a priori) los gastos que otrora se producían en su entorno laboral (limpieza, mantenimiento, amenities, suministros, señal de internet, etc.) ahora se repercutirán directamente en la persona que trabaja desde casa. Por no incidir, en lo difícil que llegará a ser separar la vida laboral de la personal, dada la nueva estructura social que se irá construyendo.

Redefiniendo la Smart City

Pero además, hemos de añadir otra capa de complejidad más. En un proceso así, se elimina un capa de estructuración social de este tipo de personal. Ya no es solo que se elimina la socialización de los entornos laborales, sino también la que se produce entre el personal que conforma los equipos que interactúan en un plano social físico, fuera del entorno laboral, y que conforma espacios diferenciados de ocio y culturales que tienen unos códigos propios y diferenciados de otros planos personales.

No voy a negar que esto tiene unas consecuencias positivas desde el punto de vista medioambiental y de la movilidad, por citar los dos más relevantes. Pero también, provocará cambios profundos en la conformación del planeamiento urbanístico y en especial del futuro de las smart cities y de los metaterritorios que deben conformarse. Sin duda, es un reto y un riesgo que nos tiene que hacer reflexionar sobre el marco estratégico de los nuevos espacios.

Yo apuesto por modelos híbridos. En estos, las pymes pueden aportar mucho en la conformación y diseño de los municipios del futuro y las instituciones que deben gobernarlos. Así como su capacidad innovadora en nuevos procesos y modelos, frente a las grandes corporaciones que asumirán este escenario digital tan solo como una oportunidad económica y no como una oportunidad de rediseño de los modelos de gestión.

Pandemias digitales, los nuevos escenarios sociales

Hablaba de pandemias digitales, por la gran impronta que lo digital está dejando en nuestras vidas. Algo que se reproduce víricamente, sin asumir con una reflexión serena las oportunidades y los riesgos que representa. Sinceramente, espero equivocarme, pero veo una ausencia total de este debate en la sociedad. Hacer frente a la pandemia (vírica) es el único punto en la agenda política, pero hay que comenzar a (re)pensar cómo vamos a definir los nuevos procesos en la sociedad.

Para el final, una reflexión-pregunta, en estos nuevos procesos, ¿cuánta libertad vamos a dejarnos en el camino?, ¿cómo vamos a utilizar las nuevas tecnologías, en especial el blockchain y la inteligencia artificial, para asegurarlas?, ¿se están diseñando infraestructuras digitales resilientes preparadas para empoderar nuestras democracias?, ¿están preparadas nuestras sociedades democráticas para asimilar toda la complejidad de nuestra sociedad y los nuevos retos que se plantean?

Me temo que hay más “noes” que “síes” a estas preguntas, y tú, ¿qué piensas?

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