Adiós Europa, ¡Hola Europa!

Definitivamente, Europa tal como la conocemos, ha muerto. No quiero parecer pesimista, ni siquiera es el comienzo de un alegato antieuropeo. Me considero más europeísta que nunca. Es más hace falta Más Europa.imposible Pero no la Europa actual, por lo menos no la que institucionalmente conocemos.

Y sí, el comienzo del problema fue institucional, cuando pasamos de la Europa de los 15 a la actual composición, sin reformar el entramado institucional, presupuestario y constitucional antes de la Ampliación. Y no es un alegato contra la ampliación, más bien lo contrario. El gran problema residió una vez más en el cortoplacismo y las prisas del “bloque atlantista” por hipertrofiar la Unión sin una solidez institucional que la protegiera de su propia historia y de las amenazas financieras y de la globalización.

Europa ha dejado de ser, si una vez fue, en el entramado de la mundialización. El no disponer de una Constitución con una arquitectura institucional clara, ni unos derechos elementales que sean percibidos por la población, ni un Parlamento Europeo con capacidad clara para velar por los intereses de los ciudadanos, era muy difícil la cimentación posterior. Por no hablar de la plétora de voces antieuropeístas que corren por su sistema central en Bruselas, que no hacen, si no socavar los escasos avances de la última década.

La Estrategia de Lisboa fracasó porque los hitos a alcanzar estaban supeditados a una estructura presupuestaria al servicio de viejos objetivos (cuasifundacionales de la CEE), algo parecido a lo que está ocurriendo ahora con la Estrategia 2020.

Acaso no es inquietante que el grueso del presupuesto de la UE se dedique a la PAC, una política agraria común que lejos de hacer nuestros campos e instalaciones agropecuarias más competitivos y más racionalizados, las hacen subsidiodependientes, se sigue subvencionando a los propietarios de las tierras, para que las sigan poseyendo aunque no produzcan, se sigue subvencionando la extracción de la minería del carbón de menos calidad, o el combustible para los pesqueros; por no hablar de una serie de medidas que se vienen dando desde el principio de los tiempos y que en el actual contexto ni siquiera están siendo reexaminadas.

Es más, tenemos Euro, pero no tenemos estructura común fiscal ni financiera, otro paso en falso más del Tratado de Lisboa, para salir del atolladero que supuso la no validación ciudadana de la Constitución Europea, algo que es más necesario que nunca, si queremos sobrevivir como ente geopolítico en este mundo en que tanto cuesta tener una voz.

Los retos son claros: Europa debe apostar por la financiación de políticas de I+D+i en todos los sectores tecnológicos, facilitar la cultura del emprendimiento y la innovación social, apostar por las infraestructuras transfronterizas que diluyan los márgenes de los bordes geográficos, la sostenibilidad como eje central de las políticas, protegiendo tanto al medio ambiente como a nuestro sistema social, que nos define como cultura en el plano internacional y desarrollando políticas de defensa común y seguridad común que conduzcan en un Euroejército y una Policía Europea. Estos son los pasos que nos llevarán a poder desarrollar una política exterior común y una percepción ciudadana de pertenencia. Este es el valor añadido europeo, y para eso hace falta refundar, primero el armazón presupuestario europeo y, segundo, la definición de la política institucional europea, que invariablemente llevará a una Constitución.

El gran problema, es que no tenemos tiempo. Vamos a ser una reliquia histórica en este mundo altamente globalizado, si no respondemos con contundencia a estos retos. Parte de ellos se han definido en la Estrategia 2020. Si bien, lo que hace falta es un nuevo impulso político que mire el largo plazo, y mande la relación de consenso al baúl del olvido. La futura Europa ha de construirse al ritmo de nuestros tiempos actuales, de la generación digital que nos ha tocado vivir, y ha de nacer no del consenso, si no de la contraposición de modelos y de la necesidad de confrontar ideas. Sólo así podremos avanzar.

Estamos dispuestos a ello. Sí, entonces bienvenidos a la Nueva Europa. De lo contrario sólo podremos hacer una cosa cambiar el Himno de la Alegría de Beethoven por el Requiem de Mozart.

Epílogo: En el día de hoy Alemania ha decidido comenzar un plan de cierre de sus plantas nucleares, aduciendo falta de seguridad. No se engañe amigo lector o lectora, y menos si tiene pulsión ecologista. Este plan encierra dos cuestiones bien preocupantes para la UE. En primer lugar no significa que Alemania vaya a apostar por energías limpias o renovables. Más bien lo contrario, será más gas natural y carbón a consumir. Alemania no va a sacrificar su crecimiento neto, por cumplir objetivos medioambientales que nadie está dispuestos a asumir individualmente. Por otro lado, se completa el círculo que Alemania viene persiguiendo desde hace meses, que no es otro que el de crear un eje alternativo y exógeno a la UE. El eje Berlín-Moscú. Rusia le garantizará el suministro de energía y materias primas, a cambio Alemania descentralizará parte de su producción en Rusia con empresas francorusas, mientras que siguen captando el talento joven de la UE, como es el caso de España.

Alemania, ya ha hecho su apuesta, o por lo menos lo ha hecho su Canciller, la Señora Merkel. Vamos a asistir impávidos a este hecho, o vamos a hacer algo. Yo no me pienso callar y por supuesto intentaré hacer llegar mi voz a todos los lugares a los que pueda.

Tenemos que cambiar el modelo europeo, para acelerar los cambios del modelo productivo o de lo contrario países como España, volveremos a ser relegados a algún rincón de los libros de la Historia.

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