Googlemanía y Geopolítica

Es curiosa la sensación de observar los acontecimientos de los últimos días. Y en especial aquellos que acontecen en las redes sociales, especialmente Twitter, por ser la más inmediata y la que sirve de “termómetro” googlemaniaciudadano, sobre el interés de las cosas que nos rodean; eso que los twitters adictos llamamos trending topic, y que los medios de comunicación han acogido con la fe de los conversos.

En este mes de julio, hemos asistido al nacimiento de la penúltima red social, con gran eco, tanto en los early adopters, como en los medios: se trata de Google+, el enésimo intento de Google de dar un “zarpazo” al pastel que casi se come en solitario Facebook. La cuestión es que en 24 días ha conseguido 20 millones de usuarios, algo que asombra a más de uno, pero que a mi me deja frío, no en vano, la inmensa mayoría de usuarios de internet, somos usuarios de alguna de las herramientas de la “cloud” de Google, y además hay una gran cantidad de nosotros (millones) deseosos de probar nuevas herramientas. La novedad y el interés por descubrir algo nuevo, es consustancial a la naturaleza humana.

Pero lo que me asombra, son los ríos de tinta digital sobre la nueva red (una pifia, según mi juicio, aburrida y fea como casi todo lo de Google, ya saben prima la funcionalidad sobre la estética, de esto podrían haber aprendido algo de lo que hace Apple desde hace décadas), y sobre como ésta sustituirá a Facebook, o a Twitter, o a lo que sea. Estamos ante una de las mejores campañas de branding corporativo que jamás he visto, y todo para recapitalizar el valor de la compañía, en un momento en el que planea sus próximos movimientos para que su valor en la bolsa neoyorquina, tras cinco años, vea como se dispara.

Esto y no la idea de ser la alternativa a Facebook es lo que interesa a Google. Es difícil creer que la inmensa mayoría de usuarios de Facebook (cerca de 700 millones) realicen la gran migración. A Google le vale con los usuarios más activos, que permitan gran cantidad de conversaciones, y por ende de acciones virales. Es curioso ver como más de uno ha abrazado la nueva red, diciendo que se olvida de las demás.

Craso error, internet es una red líquida, sin fronteras claras, y por lo tanto muy difusas, por lo que la interacción en más de un medio, red social y herramientas son más que necesarias, no solo a efectos de uso individual, corporativo o de ocio, sino para acciones de branding.

Pero lo que más me impresiona, de esta acción de mercadotecnia de la versión más actualizada del Gran Hermano, es su capacidad para fagocitar todo tipo de debates, en las áreas más activas de la red.

En un mes de julio, que a su fin está viendo la posibilidad de entrar en “default” a la economía más grande del planeta, dado el extremismo de los fieles del Tea Party que intoxican las filas del GOP, y que persiguen más la caída de Obama, que solucionar los problemas de sus conciudadanos; el enésimo ataque de los mercados al Euro, y la antieuropea visión del mayor cáncer que Europa ha tenido desde su fundación: la Sra. Merkel; o ya hablando de extremismos, el salvaje y cruel atentado de Noruega, que nos ha recordado que el huevo de la serpiente sigue horadando nuestro sistema (mientras veíamos solo enemigos en otro escenario, fruto de una acción de distracción muy bien elaborada), dado que la visión geopolítica únicamente válida ha sido la de la “guerra contra el terror”, un invento de ese chiste político (sin gracia) llamado George Bush Jr. que originó la mayor cruzada contra los derechos ciudadanos del mundo (mientras de paso ayudaba a desrregular más aún sus mercados internos y de aquellos polvos estos lodos); mientras que nos olvidamos de que el terror surge de las esquinas más insospechadas de nuestros vecindarios.

Nos hemos olvidado completamente que la sociedad somos todos. No vale con votar una vez cada 4 años, la democracia es un organismo vivo que se alimenta de cada uno de nosotros. No podemos hacer dejadez de nuestras funciones individuales como miembros de la sociedad. El movimiento 15M es un síntoma de ese malestar, de a quienes se les olvidó nuestra obligación democrática de hacer más transparentes y justas a nuestras sociedades.

Hemos asistido paulatinamente, en medio de una sociedad narcotizada por el dinero y la falsa apariencia de seguridad, a una merma de nuestros derechos ciudadanos, no por mor de los estados, sino de los mercados. Son estos los que controlan a los estados y no a la inversa. Por ello necesitamos a los estados más que nunca, por ello necesitamos a la Unión Europea más que nunca. Hacen falta instituciones que puedan jugar como un “global player” para poner coto a los desmanes del mercado. Hemos de reinventar un capitalismo que sea social, que permita el progreso y la innovación, pero que no sea a costa de los más débiles del sistema, porque eso lo que hace es agrandar el huevo de la serpiente y la sensación de insatisfacción social.

Si la acción de los mercados es ya una cuestión geopolítica, no es menos cierto que la acción de los ciudadanos ha de constituirse así, a escala global. Las redes sociales dentro de esa red líquida en la que nos relacionamos lo permiten, pero sin olvidarnos de lo importante: Revitalizar y reinventar nuestras democracias, que no es otra cosa que reforzar nuestros gobiernos y relegitimarlos frente a los mercados.

Epílogo: Durante el fin de semana pasado, vimos como de los mensajes de asombro, solidaridad con las víctimas y repugnancia contra la violencia, por los crímenes de Oslo y Utoya, se pasó a hablar de la muerte de la cantante Amy Winehouse, como un hecho trágico de dimensiones globales (sin duda la pérdida de un ser humano lo es, pero la comparación de un hecho con otro no resiste refutación alguna por el segundo). Toda la red se volcó con este tema. Somos dóciles y fáciles, y los mercados, y quienes los controlan, lo saben. Somos muy fáciles de manejar y, lo peor, no sabemos cómo actuar como ciudadanía organizada para cambiar el mensaje y las acciones de los gobiernos.

Esa es la red social que queda por inventar: La que determine acciones democráticas ciudadanas a escala global, el paso de la red líquida a la red geopolítica, pero desde una perspectiva ciudadana.

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