Una quimera llamada Estrategia 2020

Hoy 23 de febrero de 2012 la Unión Europea ha revisado los datos macroeconómicos de las economías nacionales y un dato llama la atención: estamos entrando en recesión, de nuevo. En concreto el crecimiento se Olli_Rehncontraerá un 0,3% según la previsión echa hace unas horas por el Vicepresidente de la Comisión Olli Rehn, y se estima que España se contraerá un 1%, y sitúa la inflación para la eurozona en un 2,1 % en la previsión. Ello implica que tendremos mayores problemas de competitividad y en un momento en el que la voz de Europa se diluye en el mundo, fruto de la crisis y del lastimoso paso atrás que supuso para la UE el no disponer de una Constitución Europea y por ende de carecer de una política fiscal, que hubo de impulsarse en época de crecimiento, como lo fue el principio del siglo XXI. Por no hablar de una voz clara y autorizada en el ámbito exterior, a pesar de disponer de una figura para ello: la Alta Representante para la Política Exterior.

Además, en el caso español viene ahora un gran dilema. Cuando se pactó nuestro déficit para 2012, se situó en un 4,4%, pero con una previsión de crecimiento del 2,2%, cuando la expectativa a día de hoy es de un decrecimiento de un 1%, y eso teniendo en cuenta que se partía de un déficit esperado por la UE de un 6,6% para este año, cuando según el actual gobierno es del 8%. Todo ello complica aún más la situación a nuestro nivel estatal. Y por supuesto, complicará aún más la pedida flexibilidad para con el déficit que se pide desde Moncloa, máxime cuando la previsión de la UE es mejor que la del FMI. Esto sin duda nos llevará a unos de los Presupuestos Generales del Estado más escalofriantes que hayamos visto en democracia. El copago sanitario, el aumento de las tasas universitarias, y el recorte de derechos sociales esenciales, están a la vuelta de una publicación en el BOE vía Presupuestos.

Además, hay otro factor que me hace ser muy pesimista sobre nuestro futuro, por un precedente anteirior: El fracaso de la Estrategia de Lisboa, que ahora lo veo más como un síntoma, que como una coincidencia de factores que dieron al traste con la misma a finales de la pasada década. Hablo de síntoma, porque se están repitiendo muchos de los pasos que dieron al traste con los objetivos de crecimiento que marcó la misma, para final de la primera década de este siglo, y que al paso que vamos condenarán de antemano a no poder llegar a los objetivos de la Estrategia 2020.

Para empezar, la Estrategia 2020 carece de un valor esencial en estos momentos. No se construyó como medida de choque para el actual escenario de crisis que sufre el continente, y sí es más un documento de mínimos a cumplir, para que al final de la década recién iniciada Europa pueda seguir siendo competitiva de una forma sostenible y teniendo en cuenta los problemas demográficos que atravesaremos y la necesaria flexibilidad para hacer frente a los problemas que surjan durante el devenir de estos próximos 10 años. Por no hablar delcambio histórico de un modelo eurocéntrico a un modelo transpacífico, que escribirán Asia y América.

No obstante, el gran problema a mi juicio, es que este documento es un gran desconocido en la planificación de la actividad de los gobiernos de Europa, y lo que es más preocupante de las empresas, y especialmente de las pymes, que son el 85% del tejido productivo de Europa. La Estrategia 2020 marca una ruta, una guía de cómo proceder en los futuros años (si bien no cuenta con los escenarios de crisis), lo cual puede facilitar la tarea para salir del escenario actual.

Hay una cuestión básica: Recortes + Austeridad no producen Crecimiento. Llevamos asistiendo atónitos en los últimos 4 años en Europa a esta fórmula que no produce ningún resultado, miento, si que produce: más pobreza y desesperación en la ciudadanía, y este no es el cóctel social más apropiado para salir de la crisis. Austeridad, sí, toda la necesaria, pero los recortes no producen crecimiento y lo que sí hace falta es un plan de estímulo del crecimiento que se base en una estrategia de crecimiento sostenible y que implique un cambio del modelo productivo; y sí, existe, ese modelo se llama Estrategia 2020.

Por lo tanto hace falta cambiar el rumbo, como ya lo ha hecho EE.UU. con el nuevo plan de estímulo que Obama ha impulsado, y sobre todo hace falta que la UE recobre el mando, desde sus legítimas instituciones, en Bruselas, y no en un directorio autocrático desde Berlín que pretende una germanización de Europa desde la asimilación. Hay que alejarse de los postulados de Merkel cuanto antes y buscar nuevos objetivos y planes, y en este escenario el principal papel lo tiene el Partido Popular Europeo, que es quien gobierna todas las instituciones de la Unión, por lo que ha de establecer un sistema para que la legitimidad de la Unión vuelva a recaer en la capital belga y allí se tomen sus decisiones, y no en un despacho de la cancillería alemana.

Los tiempos se van agotando y las ventanas de oportunidad se van cerrando. Si no comenzamos un nuevo procedimiento de crecimiento impulsado desde lo público, para animar al sector privado, reinyectando capital fuera del sistema financiero, para que el dinero vaya a parar a las pymes europeas, muy difícil lo vamos a tener.

El marco teórico existe, es la Estrategia 2020 y para su desarrollo necesita de instrumentos financieros y valor político para desarrollarla. Pero quizá ese es el problema en la Unión Europea, que nadie tiene valor para liderar en tiempos tan oscuros, donde un país impone su criterio para asegurar su bienestar, olvidándose de lo que significó en su día el Tratado de Roma.

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