Algoritmos: fe, moda y fiscalidad

Vivimos en una era digital de la infoxicación y de la hiperincertidumbre. Una sociedad en la que es difícil conciliar lo viejo con lo nuevo, y en la que además lo nuevo es excesivamente efímero. Destruimos conceptos y componemos nuevos a una velocidad apabullante. Se desvanecen tecnologías, tendencias o hipótesis antes de que las aprehendamos. Pero un concepto emerge por encima de todo lo demás: el algoritmo.

Reconozcámoslo, vivimos en una sociedad del ruido, donde pensar, razonar y discurrir cada vez es más difícil. La “tuiterización” de la comunicación y la estanqueidad informativa a la que nos obligan las Big 5 lo hacen todo cada vez más cacofónico. Vivimos apenas en un presente continuo, que no es capaz de volver a redefinir la necesidad del largo plazo ante los desafíos planetarios que tenemos ante nosotros, como la emergencia climática o el solapamiento masivo de capas tecnológicas que supone la 4ª Revolución Industrial. Todo ello no deja de ser el prólogo de la sociedad futura (inmediata) que deviene.

Datos y dogma de Fe

En esta sociedad red, el nuevo combustible son los datos. El tráfico de datos personales es el motor que alimenta la sociedad, con el que se trafica hasta la saciedad y en el que sus propietarios legítimos (todos nosotros) hemos sido condenados a un papel de esclavos. En un remedo del homo sacer que Agamben supo tan bien intuir.

Y la maquinaria que alimenta esa sed por el dataísmo que nos ha llevado a esta fe en la datificación, son los algoritmos. En el momento que este dogma tecnológico nos despojo de nuestra humanidad intrínseca, se inició un camino hacia una fe, que ya resulta abyecta. Y lo peor, es una fe en la que hemos caído la mayoría, seducidos por el panóptico digital que supone nuestra exposición constante a mostrar anhelos, necesidades, sentimientos y frustraciones en la red.

Las emociones, el reducto más íntimo de la humanidad, son las que alimentan esa maquinaria tecnológica. En la Sociedad de la Transparencia, la información personal ha devenido en una neopornografía del ego digital. Esta es la idea que subyace en el pensamiento de Byung Chul Han, cuya obra es un manifiesto por intentar entender el nuevo contorno digital en el que nuestras vidas físicas han comenzado a parecer huecas.

Mientras que en la sociedad comienza a haber un debate sobre si los robots han de pagar impuestos (yo digo que por supuesto que sí, como fuerza laboral que desplaza a la humana), que lejos de estar en la agenda política ni siquiera es percibido a algo como una moda para “modernos”, desde estas líneas pido un debate público en el seno de las instituciones europeas a todos los niveles territoriales, para instar un modelo de tributación de los culpables de la situación actual: los algoritmos.

Estos, utilizados para drenar nuestros datos personales sin consentimiento ni retribución alguna, son en gran medida los culpables de la emergencia de grandes oligopolios digitales, de los que el mismísimo George Orwell estaría aterrorizado. Ha llegado el momento, para que de forma serena, se dé un debate mesurado al respecto. La tarta de la datificación debe ser repartida con quienes la producen: el conjunto de la sociedad. Y de paso utilizar esta tributación para hacer frente a los retos y amenazas que representa la 4ª Revolución Industrial para convertirlos en oportunidades.

CODA

Frente al poder de los oligopolios digitales, la tecnología blockchain es una excelente oportunidad para devolver el valor de los datos a sus propietarios. Para que las transacciones de propiedad inteligente reconozcan el quién es quién y devuelvan los derechos iniciales a sus legítimos propietarios, y que sean estos quienes decidan cómo van a disponer de los mismos. Otra cuestión será cómo hacer convivir esta necesidad con la filosofía colaborativa para hacer avanzar la sociedad bajo el prisma de la cocreación desde la filosofía “open”.

Tenemos grandes retos por delante, pero la primera cuestión que hemos de plantearnos colectivamente es: ¿queremos seguir siendo esclavos de nuestros datos? La cuestión del libre albedrío la pospongo para una entrada posterior. Hay mucho que reflexionar al respecto.

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