Astracanada a la griega

Seguimos con el sainete del señor Tsipras y sus acólitos. Estupefacto me hallo ante tal situación. Es inconcebible que en una democracia (y estamos hablando del país que la inventó), el principal representante político (y electo para ello) se parapete tras su población y no asuma sus funciones y obligaciones como “primer griego”. ¿O no?

Cada vez me quedan menos dudas de que lo que está sucediendo en Grecia es una puesta en escena, para ocultar las verdaderas intenciones que exponía en mi anterior entrada:¿Lecciones?, griegas. Dirigir a la población con una agenda oculta, como las que le supongo a Syriza y ENEL que son incapaces de desvelar, bien por miedo o debilidad; incapacita a la población para tomar una decisión ajustada a la realidad.

Es más, el referéndum convocado para este domingo, con menos de una semana de tiempo, es un auténtico despropósito. Es una forma de tirar a la basura 20 millones de euros (estimación de lo que cuesta la consulta). ¿Por qué?, porque se hurta el debate, la reflexión serena, la contraposición de posturas y sobre todo adoptar una posición, a favor o en contra, que implique todos los pros y contras de ambas opciones. Oh, wait!, que no va de esto, que esta consulta va de escurrir el bulto, sin más.

Hasta el Consejo de Europa (no confundir con el Consejo de la Unión Europea, de hecho esta organización no tiene nada que ver con la UE), ha lanzado un aviso de que esta consulta no tiene los mínimos estándares para garantizar que sea efectiva. Algo inaudito en la historia de la Unión. Es más, la propia consulta se salta la Ley Fundamental griega en dos cuestiones. La carta magna helena fija en un mes como mínimo el período para convocar referéndum, y su artículo 44 prohibe expresamente someter a consulta cuestiones fiscales (se va a plantear la cuestión sobre el aumento del IVA).

Es más, de hecho, la cuestión que se va a plantear a la ciudadanía griega no tiene ya nada que ver con las cuestiones que se están planteando entre el Eurogrupo y el gobierno griego, además de ser enrevesada y poco entendible para un amplio espectro de la población (y no solo de la griega). ¿A qué suena esto?, a cortina de humo, a ganar tiempo.

Se ha exacerbado el principio del “enemigo exterio. Aunque Alemania esté actuando de forma torpe y muy cortoplacista (fruto de lo bien que le sientan interiormente las políticas del austericidio europeo), no es óbice para fijar todo el foco en la intransigencia alemana. Llevo meses sin oír críticas sobre cuál ha sido la situación que ha llevado a Grecia a este derrotero: décadas de estadísticas mal hechas e infladas, nulas reconversiones industriales o en los servicios, nula modernización de los servicios del estado (en especial los de hacienda y el sistema público de salud) y nula persecución jurídica de quienes les han llevado a este atolladero. Un conjunto nada desdeñable, que ha inflado la situación.

Mientras tanto, Rusia y China observan pacientemente. El “caballo de Troya” existe, es real, palpable y puede suponer un misil directo al corazón de la Unión. A cambio, Grecia obtendría protección (y blindaje energético) ruso y fondos chinos para poder operar y hacer frente a su futuro. Eso sí, desligado de Europa, y necesariamente también de la OTAN.

Si esta es la ruta, lo único que espero es que Tsipras y su socio sean sinceros con su población, porque esta opción tomada democráticamente, es legítima. Aunque sea una futura pesadilla geopolítica.

Pero es que, quizá, ha llegado la hora de sacudir el actual paradigma político.

¿Estaremos los europeos a la altura de poder hacer frente a este órdago?, ¿ha llegado el momento de abrir nuestra “caja de Pandora”?

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