La necesidad de una “Gobernanza” económica real

Sí, la solución en la teoría es fácil, se trata de crear un sistema de gobernanza económica real, tangible y con instituciones desarrolladas ad hoc, que permitan revertir la perversión del actual sistema. Me refiero al sistema crisis-uefinanciero económico, que sustituyó el sistema industrial de generación de bienes y servicios, por otro que sólo genera dinero. Y, esta es la perversión central del sistema: el dinero como mercado en sí y no como vehículo para generar mercados de bienes y servicios, y por lo tanto de riqueza social.

Sin duda, la globalización ha sido el catalizador necesario, para la orgía financiera de la última década. Un mercado “libre” funcionando las 24 horas de día, altamente tecnificado, con modelos matemáticos que calculan el riesgo desapasionadamente, cuyo objetivo es el beneficio por el beneficio monetario, sin más. Las finanzas desnudas, sin alma, sin necesidad de aportar valor a la sociedad, ni los más recalcitrantes “neocons” se hubieran atrevido a pensar un sistema así, en la época del último mandato de Ronald Reagan en EE.UU.

Pero, la realidad es tozuda, y nos ha dejado un paisaje desolador, donde la optimización del beneficio monetario se ha llevado por delante a gigantes multinacionales que demuestran esta realidad: donde nada se crea o se produce, nada se mantiene. Los grandes holdings financieros, han resultado ser grandes holdings de cartón piedra; peores escenarios que cualquiera de los realizados para los peplums de los años 60 y 70 de películas de romanos de serie “B”.

Hay otro hecho, más inquietante, y para mi modesta opinión más preocupante en el largo plazo: la ausencia de una capacidad manifiesta de la gestión financiera mundial de los estados soberanos. Y sólo se me ocurren dos motivos, y los dos son realmente desoladores. O bien, nos encontramos en un escenario en el que los estados-nación, no tienen ningún margen de maniobra real para controlar los mercados (salvo la excepción de la política fiscal de las transacciones dentro de su territorio, y aquí comenzaría un largo debate sobre el concepto de “territorio” en el que se producen las grandes transacciones económicas), o bien estamos ante un flagrante caso mundial (especialmente en la OCDE) de ineficacia de la gestión pública económica y de los mecanismos de control para la gestión financiera, donde sin duda el caso más destacable, sin duda, lo protagoniza EE.UU. Su política de “laissez faire” en los mercados nacionales y la poca regulación de su sistema financiero, tiene un gran grado de culpa de lo que está ocurriendo.

Pero no sólo EE.UU. es culpable de esta situación, me preocupa más lo que pasa a este lado del Atlántico. Fuimos muchos los ciudadanos europeos los que observamos con cierta perplejidad la construcción del SME (Sistema Monetario Europeo) de la UE. Embriagados por el olor del Euro, acostumbrados como estábamos al valor del ECU, lo vimos como una extensión natural de la futura fortaleza de la Unión, construyendo una moneda única, asentada en la paridad del sistema monetario europeo, con la idea de competir con el dólar en los mercados externos y olvidándonos de algo básico: todo sistema monetario ha de estar basado en una política fiscal y financiera altamente armonizada. Sin esta premisa, y a pesar de alguna voz discordante y crítica con esta posibilidad en la CIG que vio nacer el Euro, hemos llegado a este punto.

El punto en el que Europa ha de hacer frente a dos grandes retos para completar con éxito la Estrategia 2020, para no verla fracasar, como la anterior. Una Europa que ha de ver con miras al futuro y no en la visión cortoplacista a la que nos tienen acostumbrada la política nacional de cada estado. Hace falta recuperar la capacidad visionaria de los padres fundadores, y para ello hay que hacer un trabajo con urgencia. Se trata de reformular parte del entramado institucional europeo en un doble sentido: por un lado desarrollar una serie de instituciones financieras y fiscales que den origen a un sistema de Gobernanza Económico Europeo, que logre armonizar la política fiscal y económica de la UE. No puede ser que todo esté en manos del BCE y de los Ecofin (con la visión nacional de cada estado encima de la mesa. Para un ejemplo, baste la actitud del Gobierno Merkel con la operación de rescate griega). Por otro lado, ha llegado el momento de darle a la ciudadanía europea más protagonismo a la hora de decidir quienes han de ser sus representantes en la UE. Hemos de dar el paso político necesario, para conseguir un equilibrio entre los legítimos intereses nacionales dentro de la UE, con la necesidad de un verdadero gobierno político de la UE.

Ha llegado el momento de darle la mayoría de edad “verdadera” a la ciudadanía. El Presidente de la UE y un verdadero Gobierno de la UE ha de ser elegido por el sufragio directo de la ciudadanía, con el Parlamento Europeo, como garante del control de la actividad del ejecutivo europeo y, obviamente, con el peso adecuado del Consejo a la hora de llevar a cabo el impulso a las políticas europeas.

Es un momento de cambio político, de cambio social y de cambio de los equilibrios territoriales en el planeta. En las próximas dos décadas veremos como potencias emergentes pedirán tener su sitio en el mundo, y Europa ha de estar presente liderando un sistema de organización social y política, que haga de la innovación y el desarrollo (tecnológico, social y político) su bandera en el escenario mundial.

Este, es el verdadero sentido de la Gobernanza Económica en un momento como este, y un punto de partida para llevar  a cabo acciones, como las que ha propuesto Joseph Stiglitz para la Fundación Ideas, con la puesta en marcha de impuestos nacionales y planetarios para los movimientos de capital con interés especulativo.

Es el momento de replantearse un nuevo modelo social, un modelo adaptado a la sociedad digital, donde los ciudadanos queremos más capacidad de acción y decisión, sobre los temas que afectarán al devenir de las próximas generaciones.

Por ello, creo y trabajaré en ese sentido, que hay que impulsar una Iniciativa Ciudadana Europea que pida que el Presidente de la UE, sea votado por sufragio directo y reformular el Tratado de Lisboa para dar peso a la capacidad de decisión política de la ciudadanía. Suena utópico, ¿verdad?, pero por algún lado hay que comenzar…

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