¿Es un “hype” el uso de la inteligencia artificial y el blockchain?

Que estamos inmersos en la 4ª Revolución Industrial es un hecho incontestable, salvo a nuestros aspirantes a la Moncloa, que siguen sin enterarse de que el futuro de nuestro país pasa por hacer de la ciencia, el conocimiento y la tecnología nuestro puente a esa región de incertidumbre hacia la que navegamos. Pero además, el hecho de que haya tantas tecnologías hacia una convergencia, provocan movimientos telúricos en la base de la misma sociedad. ¿Estamos hablando de una realidad tangible o de un hype? Me voy a detener en la posible (y necesaria) integración de la inteligencia artificial con el blockchain.

Pero antes, permíteme, apreciado lector/a que hagamos una breve reflexión sobre cómo podemos detectar si se trata de un hype (sigue este enlace para saber a qué hace referencia este término), o estamos ante una fase temprana de su desarrollo. Utilizaré para ello un concepto de Gartner, que es ampliamente aceptado para determinar si una innovación ha venido para quedarse o desvanecerse. Se trata de un ciclo de 5 Etapas sobre la innovación, en el que apenas estamos en el comienzo de la primera, para ambas tecnologías. Esto significa que estamos todavía en la fase de lanzamiento tecnológico en la que apenas estamos percibiendo el pico de las expectativas sobredimensionadas, tanto para la IA como para el blockchain.

Ciclo de Sobreexpectación de Gartner

Si se observa el marco teórico del gráfico, quedan muchos años para llegar a la quinta fase, la meseta de la productividad, y en el caso del blockchain tendremos que ver como explota la burbuja criptofinanciera, además de que en este momento apenas comenzamos a vislumbrar el desarrollo de dApps o acciones basadas en blockchain que sean percibidas por el común de los usuarios. En el caso de la IA, hay todavía todo un marco que desarrollar sobre el papel de los algoritmos de autoaprendizaje, el machine learning y la más específica inteligencia artificial general: ósea la llegada de la singularidad. En este sentido aconsejo leer Vida 3.0 de Max Tegmark sobre un tema en el que va la redefinición del propio concepto de vida durante las próximas décadas.

¿Qué quiero decir con todo esto?, pues que la integración de todas las tecnologías emergentes que suman juntas: IA, blockchain, impresión 3D, 5G, nanotecnología, y la más reciente de todas ellas: la emergencia antes de lo esperado de los primeros pasos prácticos de la computación cuántica; son un cóctel altamente disruptivo de nuestro marco sociopolítico y económico. Es más, cada disrupción que se de en cada uno de los campos, afectará inexorablemente al otro, y modificará marcos de conocimiento, de uso y legales. Es decir, vamos hacia una sociedad altamente reconfigurable, hacia la mitad de la década de 2030.

Pero vuelvo al quid de la cuestión que planteo en el inicio de este post. ¿Estamos hablando de hype?

Analicemos esta cuestión observando el ciclo de Gartner para 2019, y observaremos que ambas tecnologías están aún en la primera fase, con expectativas de 5 a 10 años para las DAOs y la IA Explicable (es decir, la que puede ser explicada por los expertos cómo la IA ha llegado a esa deducción), y de más de 10 años, para poder hablar de un internet descentralizado (es decir con DLTs desarrollando una nueva internet y dando el poder del dato a los usuarios) o una IA que se desarrolle con tipología PaaS (Platorm as a Service). Esto es, nos vamos más allá de 2030. Y no quiero entrar en los detalles de lo que significan una y otra.

Pero sí quiero incidir en un debate en ciernes, entre desarrolladores, tecnólogos y consultores (de este entorno). Sí que hay una tendencia marketiniana a querer vendernos que somos tamizados por plataformas de IA que con ayuda de otras tecnologías, como el blockchain lo saben todo de nosotros. Esto es claramente incierto: lo que hay verdaderamente es una tríada que funciona autoritariamente en el mercado: muchos algoritmos (con capas de machine learning), “toneladas” de big data que pueden anticipar comportamientos personales y el peor de los tres vértices: una ciega entrega de nuestros datos personales a cualquier aplicación de nuestros smartphones, tablets, Smart TVs, “roombas“, o wearables que tengamos a mano ( y esta me estremece más que las dos anteriores. Eso sí, no tenemos problemas en dar nuestros datos a cualquier empresa, pero que el gobierno tenga acceso a ello, nos exacerba. Esto sí que es marketing del bueno).

Aparte, hay un concepto muy purista de ciertos ingenieros de la computación que aseguran que no es necesario utilizar una IA para administrar bases de datos (de cualquier tipología) dado que existen algoritmos y técnicas que lo permiten, sin tener que “desperdiciar” recursos computacionales que pueden ser dedicados a otras tareas. Y aquí hay que hablar de los especialistas en bases de datos, que no entienden por qué hay que complicar con cadenas de bloques (blockchain) la gestión de las capas de ciberseguridad que ya se hacen con otros instrumentos criptográficos. Aquí algunos llegan tarde, ya que con dificultades la integración entre ciberseguridad y blockchain ya está en un proceso inicial, como lo demuestra el primer Master que existe en España, que lo tiene la Autónoma de Madrid.

Pero en relación a la integración de la IA y del blockchain, yo no hablaría de Hype, es que ni siquiera se ha comenzado a trazar un camino. Si atendemos a la producción académica, está en ciernes. Las actuales DLTs no están desarrolladas para encajar las posibilidades de la IA, salvo si tenemos en cuenta proyectos como los de ByEvolution y su Red RETIS, preparada para encajar las tecnologías de la 4ª Revolución (y muy adelantada al marco tecnológico actual), o la interesante opción de utilizar los smart contracts como productores de bloques. Aún así, sí anticipo un campo de investigación exploratorio inicial para ver la convergencia de estas tecnologías: los oráculos, las entidades externas que conectan las bases de datos con la blockchain. Si se usara la IA en los puentes que aseguran la integridad de los datos y la forma en cómo estos se manejan, sin duda habría un campo entero de investigación en el que ambas tecnologías podrían converger en paralelo.

Por tanto, a mi juicio, hype tecnológico no, pero me temo que desde el punto de vista marketiniano sí que lo hay. Queremos que toda innovación o descubrimiento llegue a nuestras manos en meses. En la primera revolución industrial se tardó casi un siglo y medio en que las innovaciones “afectaran” al conjunto de la sociedad. En esta matriz energía-comunicación en la que vivimos (como bien definió Rifkin para analizar el impacto de las revoluciones industriales), queremos que todo sea para antes de ayer.

El Futuro no es como nos lo contaron (básicamente en el cine), pero será totalmente diferente a cómo nos lo hemos imaginado.

Por cierto, y para terminar, esta reflexión que os dejo por aquí ha sido gracias a una larga e instructiva conversación que tuve el viernes 9 de noviembre de 2019 con una de las mayores autoridades planetarias en materia de Inteligencia Artificial, el Profesor Francisco Herrera. Muchas gracias por ese preciso tiempo, Paco.

Y tú, ¿qué opinas al respecto?

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