¿Tablas?, o fracaso como sociedad

Sí, no sé si son unas tablas, tal y como canónicamente se entiende en el ajedrez; no sé si somos los efectos colaterales de unas estrategias que son más efectistas que necesarias para la urgencia social y económica de este país; o peor aún, y es lo que me temo, somosimages el resultado de un fracaso como sociedad.

Asistimos ante la ceremonia caníbal, tal como ilustró Christian Salmon, del actual “politainment“, de esa performance política, construida más por entretener y buscar filias y fobias, que por buscar una construcción pedagógica de la acción política de la sociedad, fruto de un necesario pacto entre ciudadanos y políticos. Lejos de eso, asistimos a una eterna versión más de “Saturno devorando a sus hijos”.

Porque lo que tenemos ante nosotros, ante el abismo de la repetición electoral, es el fracaso de una sociedad. Destruido el “mito” del bipartidismo, lo que emerge como nuevo, necesario y eficaz: el mutipartidismo, corre el riego de morir antes de nacer. ¿Por qué?, por la incapacidad de dar soluciones a los viejos problemas que en comunicación política son indisolubles: el relato y las formas. Y el relato y las formas de la “nueva política” son un clon de la “vieja política” para desesperación de la ciudadanía, que independientemente de lo que votaran, se sienten decepcionados como demócratas (exceptuando a los “fanboys” de cada bando en liza). Como el caso de quien escribe estas líneas.

El mandato ciudadano emergido el 22D de 2015 fue claro: queremos que se sienten y pacten, especialmente los grandes retos que se nos plantea como sociedad en estos tiempos de gran incertidumbre que nos ha tocado vivir.

No entender ese mandato. No desarrollar un nuevo relato y unas nuevas formas, por parte de lo “nuevo” y de lo “viejo” significa el mayor fracaso social y político de los últimos años.

Y ahora solo queda una nueva convocatoria electoral por delante. Una larga y amarga hilera de reproches de los unos y de los otros, y todo porque el tacticismo ha sustituido a la política; especialmente entre aquellos que aparentemente creen que ganan más, a priori, con unas nuevas elecciones.

En una democracia normal y madura, desde una ciudadanía exigente, lo normal sería que quienes no han sido capaces de llegar a acuerdos, renunciaran a presentarse: TODOS. Pero eso, en una democracia normal. ¿Será que no somos “normales”?

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